El Cañadon Todo Oro

PRIMER PARRAFO:

Era el corazón verde del desfiladero, donde las paredes giraban para apartarse del plano rígido, y atenuaban su severidad de líneas, formando un rin­concito abrigado y llenándolo hasta el borde de dul­zura y redondez y suavidad. Allí todas las cosas des­cansaban. Hasta el estrecho arroyo interrumpía su turbulento descenso para formar un tranquilo estan­que. Hundido hasta las rodillas en el agua, con la cabeza caída y los ojos entrecerrados, dormitaba un gamo de ramosa cornamenta, de piel rojiza.

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